lunes, 24 de septiembre de 2012

Viernes 3AM

He aquí una canción de Serú Girán que me gusta mucho, titulada Viernes 3AM, la cual me inspiró un cuento. Primero la letra, luego el video y por último mi cuento. Espero les guste.


La fiebre de un sábado azul
y un domingo sin tristezas.
Esquivas a tu corazón
y destrozas tu cabeza,
y en tu voz, sólo un pálido adios
y el reloj en tu puño marcó las tres.
El sueño de un sol y de un mar
y una vida peligrosa
cambiando lo amargo por miel
y la gris ciudad por rosas
te hace bien, tanto como hace mal
te hace odiar, tanto como querer y más.
Cambiaste de tiempo y de amor
y de música y de ideas
Cambiaste de sexo y de Dios
de color y de fronteras
pero en sí, nada más cambiarás
y un sensual abandono vendrá y el fin.
Y llevas el caño a tu sien
apretando bien las muelas
y cierras los ojos y ves
todo el mar en primavera
bang, bang, bang
hojas muertas que caen,
siempre igual,
los que no pueden más
se van.


Y aquí mi pequeño cuento: 



Noche de Perros

El reloj dio las dos de la mañana y Pedro estaba sentado en su cama, pensando en diferentes cosas, tal vez en su familia, su mujer o su trabajo. En los últimos días, su vida no había andado bien, se había peleado con su esposa porque él no tenía un buen trabajo, y su sueldo no era suficiente para abastecer todas sus necesidades. Además, hacía unas semanas que su madre había fallecido debido a una enfermedad terminal. Esto había derrumbado a su familia, pero específicamente a él, que de alguna manera había sido quien estuvo más cerca de ella.
De todo esto pensaba  Pedro, mientras sentado en su cama observaba al reloj, que marcaba las dos y cuarto. Muchas veces se le había presentado esta situación, sólo, en su casa, esperando por su mujer que nunca iba a llegar, pero que sin embargo seguía aguardando. Los minutos se sucedían y sus pensamientos también; sentía cada vez más enojo consigo mismo, por no poder tener un mejor trabajo, o tal vez, por no poder enfrentar a su esposa cara a cara, y decirle todo lo que pensaba.

De pequeño siempre había tenido sueños, uno de ellos era el de estudiar una carrera importante, tal vez abogacía. Pero no había podido por la apresurada decisión de casarse con su actual mujer. También apresurada había sido la llegada de su hijo, quien había reordenado su vida de una manera mucho mayor que su casamiento. Fue por eso que tuvo que buscar un empleo rápido, y consiguió trabajo en una fábrica textil, y si bien al principio el sueldo no le resultaba bajo, con el tiempo y los cambios en la economía, su salario pasó a ser casi insignificante. Su mujer en cambio, no trabajaba, era ama de casa por lo que siempre se quedaba en su casa limpiando y esperando a Pedro con la comida hecha.
Pasaron los años y su hijo creció, y buscando nuevos horizontes se fue a vivir al sur. Esto realizó muchos cambios en la vida de sus padres que se sentían vacíos.
Su hijo nunca más volvió y nunca más supieron nada más de él. Esto trajo decepción a la vida de su madre, que poco a poco comenzó a decaer. Esta situación deprimía a Pedro, ya que se sentía impotente, porque no podía hacer nada. Pasaron los meses y su mujer no tenía ya ganas de nada, y cuando Pedro llegaba a su casa, la comida no estaba hecha, y muchas veces ella no estaba. En una de sus salidas nocturnas, había conocido un hombre un exitoso empresario, y había comenzado con él una especie de relación.

Mientras Pedro estaba en su cama, pensaba y se imaginaba esta situación, a su mujer con otro hombre que seguramente la hacía mucho más feliz que él, y claramente estaba en lo cierto. Miró el reloj, que ya daba las dos y media, y repentinamente comenzó a llorar, reflexionando que su vida no valía la pena y que todo lo que había hecho para ser feliz había sido en vano. Pensaba todo el tiempo en la idea de que su mujer se encontraba con otro hombre, y le oprimía el corazón, porque sabía que él no era suficiente para ella.
Decidió encender la radio, tal vez para escuchar un poco de música; esto le tranquilizaba, porque era lo único que lo entendía. El locutor anunció que eran los tres menos cuarto, y mientras Pedro se relajaba, sintió el sonido de la puerta, que advertía que su mujer había llegado. Se levantó de su cama, y fue al encuentro de su mujer. Se acercó para saludarla con un beso, pero su respuesta fue un gesto de disgusto con su cara. Le preguntó por qué había llegado tan tarde, a lo que ella respondió –Tengo una relación con un hombre, mucho mejor que vos, y que me hace mucho más feliz-. Las palabras fueron como puñales en el pecho de Pedro, quien no pudo contener su llanto. Corrió hacía el baño y se encerró. No podía creer que lo que había estado pensando era la mismísima realidad. Lloró desconsoladamente, hasta que tomó la solución más drástica, de la cual nunca se iba a poder arrepentir. Fue a la concina, y de una de los cajones sacó el revólver que guardaban por protección. Acercó el arma a su cien, apretando sus muelas. Miró el reloj, eran las tres de la mañana del sábado. Cerró sus ojos, y un estallido resonó por toda la casa. No tuvo tiempo de pensar o relajarse, al sentir que todo había terminado. Pedro se había matado.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario